A PROPÓSITO DE LA SOCIEDAD DE LA IGNORANCIA

Roger Sue, en su libro Ocio, para desajustar las certezas nos aclara que el razonamiento fue diferenciado de manera muy sutil por Tomás de Aquino, por un lado está la razón que obedece a la “ratio”, que es el pensamiento abstracto, que sigue un proceso lineal para llegar a aprehender la realidad, y que sobre todo se esfuerza en conseguir sus objetivos (no pain, no gain). Y por otro lado evoca otra forma de razón, el “intellectus”, que se activa a través de la “simple visión” y que devela porciones de la realidad al sujeto “como el paisaje a la vista”, eso es, sin tener que esforzarse para conseguirlo. El intellectus es tan válido para conocer la realidad como lo es la ratio. El asunto es que nuestra sociedad, y específicamente la modernidad occidental, ha tenido un afán sobresaliente por excluir todo aquello que no implique un esfuerzo, todo lo que no sufra para llegar a su preciada meta, y en el camino ha llegado a confundir el esfuerzo con una virtud, todo lo que no cueste trabajo es categorizado como algún tipo de mediocridad.

Pienso que cuando las instituciones modernas (medios, iglesia, escuela, familia, empresas) hablan de “crisis” por los cambios que suceden en la relación entre sus petrificadas visiones del mundo y la aceleración constante de la realidad (que replantea el papel de los actores en ciertos procesos) más bien se refieren a su incapacidad de comprender los cambios, su propia forma de pensar, y de intentar cambiar. Si uno piensa asumiendo que las cosas ya están hechas, que la jerarquía es la mejor forma de acomodo en cualquier cosa, que para comprender el mundo hay que ir forzosamente por un proceso lineal y que ante cualquier modificación hay que acudir a las “glorias del pasado” para atacar la vulgaridad del presente, se está, por decir lo menos, cayendo en una estrechez teórica severa.

Habitar la red supone un “ponerse en riesgo”, ser conscientes de que nuestros saberes son, claro, válidos y aplicables a una serie de situaciones (que nos han permitido estar más o menos seguros de que sabemos ciertas cosas), pero que también en cualquier momento pueden no funcionar ni ser aplicables a otros contextos, y que esto no significa que ya no sirva lo que sabemos pero que tampoco el conocimiento obtenido de distintas formas a las nuestras (el que se genera desde el hipertexto, en una secuencia no lineal, sin jerarquías, que activa conexiones de un punto con otro sin aparente relación) es “ignorancia”. No hay que confundir la acumulación de información con el conocimiento. El conocimiento y el aprendizaje son procesos que suponen capacidad de poner en relación elementos no sólo con el objetivo de demostrar maestría del productor sino para que activen un proceso de diálogo con el mundo, y este diálogo no se limita a lo racional, también está lo afectivo, lo mítico, lo simbólico. El conocer (que etimológicamente es “nacer con”) también puede estremecer.

Agotar el conocimiento en una “representación” y a nuestra forma de conocer en un  un ejercicio exclusivamente “racionalista”, me parece que es una postura que, más que cuestionar las modificaciones que se producen en la cotidianidad con los usos de internet, legitima excesivamente el pensamiento teleológico (que obliga a la consecución de metas para validarse). La experiencia no sólo es lo que decimos que es la experiencia, la percepción no es un mero “reflejo del mundo”. Creamos la realidad al nombrarla, al percibirla, la epistemóloga argentina Denise Najmanovich dice que la percepción no es ni subjetiva ni objetiva sino interactiva. Somo partículas subatómicas creándose en la interacción.

Internet desborda, ciertamente, la capacidad de cualquiera para obtener información acerca de cualquier tema. Es imposible que un sujeto procese tal cantidad de información. Y, sin embargo, sugerir que esto trae como consecuencia una suerte de pérdida del control por no poder saber si ya pasaron los “hechos cruciales” o si están pasando ahora es, de nuevo, más que una crítica, un empecinamiento que no cuestiona su propia forma de construcción del conocimiento.

Todo esto a la par del estancamiento en la estructura del sistema educativo, de la pérdida de confianza en la escuela como garantía a largo plazo, de la falta de acceso a la educación, falta de preparación de los profesores, pero claro, culpar a la tecnología a sus usuarios es más fácil que desarticular condiciones más complejas.

Por otro lado, encasillar a internet y a la televisión en una sola de las características de la televisión del siglo pasado, es decir, en la difusión masiva de contenidos, es querer decir que un programa de concursos y Breaking Bad son lo mismo, que sólo leyendo libros se puede construir un conocimiento válido, que las herramientas tecnológicas “alienan” a las indefensas audiencias. Es querer negar la negociación de significados que siempre ha existido entre emisores y receptores, materializada en la actualidad con las apropiaciones de internet, y que potencia desde contextos específicos la agencia de los sujetos.Imagen

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Publicado el 29 junio, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Hola Victor, quizás convenga añadir la corporalidad y la imaginación como otros caminos de acceso a “lo otro”, modos que pueden requerir de empeño pero que sin dude colocan al humano en estados que no pueden describirse en términos de esfuerzo no-esfuerzo; pensemos por ejemplo en los estado lúdicos o de trascendencia. Esto lo pongo para reforzar tu idea, que comparto, sobre la estrechez teórica severa que implica imaginar caminos secuenciales, jerárquicos, lógicos y universales como los únicos que hacen posible el acceso a externalidades que no son otra cosa que nosotros mismos.

    Para el sistema educativo de México ha habido grandes inversiones sustentadas con el discurso del incremento en la “calidad de la educación”: se desarrolló Enciclomedia y después Habilidades Digitales para Todos, habrá que ver qué nos trae este sexenio. En ambos desarrollo se puede encontrar uno la deficiencia que expones aquí: un afán irrenunciable a la verdad absoluta y la centralidad de profesores e ideas como los organizadores (uno y otras) de las “lógicas del mundo” impidiendo así la formación para andar por caminos que al arriesgar, coloquen a la persona en la vía de la invención de la cultura.

    Saludos,

    • estoy contigo, Paco. Creo que incluso empezar a pensar que nuestros programas para las materias incluyan como objetivo, al menos particular, el que nuestros alumnos no sólo sepan gestionar sus redes, sino que se conviertan en prosumidores!

  2. Que gran reflexión haces; objetiva y real de la cotidianidad que nos agobia con conformismos y deja de lado los cuestionamientos y las diferentes perspectivas de ver la realidad del cambio, a veces tan satanizado y atacado por las generaciones que se quedaron atrás en la evolución de su ahora sin comprender que su momento es hoy, y nada más. Noto tu sensibilidad al rezago educativo que nos agobia y como ” los responsables ” de impartirla, se desconciertan ante realidades que ya los superaron…es tiempo ya de modificar que y el como se enseña…para dejar que el conocimiento siga las líneas libres que debe de seguir con buenos guías que orienten a las fuentes de conocimiento, sin perjuicios ni limitaciones. ¡ te sigo !

    • claro, creo que en la medida en que como profesores estemos más informados acerca de las reconfiguraciones de lo social desde la apropiación de la tecnología no es que vayamos a tener las respuestas a todo (como nunca se han tenido desde ninguna institución) pero al menos podremos movernos con los alumnos, ya no sólo hablar “de” ellos sino “con” ellos! Saludos!

  3. Hola Víctor,
    Muy interesante la reflexión y como ya nos vienes acostumbrando, una invitación a ampliar la mirada, el horizonte. Me gustaría saber si estoy entendiendo lo que planteas. Entiendo que colocas una idea de habitar la red que implica ponerse en riesgo, seguir caminos no lineales y no reducidos a lo racional, a sólo el intelecto. Reconocer que la Internet va dando juego a la emergencia de nuevas formas de construir relaciones y diálogos con el mundo (conocimiento). ¿Podrías decir que la visión de Brey hace una crítica y cataloga como “ignorancia” a eso que no entendemos aún pero va gestando nuevas configuraciones y relaciones? En este sentido ¿hay una lectura desde marcos estrechos de comprensión de construcción del conocimiento?

    • Gracias, Liliana. Sí, apuesto por un “habitar el riesgo” que des-legitime la idea de que sólo una “autoridad” tiene la capacidad de conocer de manera “correcta”. La estructura de la red permite diluir, al menos un poco y por momentos, las jerarquías. Como bien dice Bill Wasik, nos vamos dando cuenta de que para ser profesional no se necesita ser profesionista. El amateurismo del siglo XXI le habla de frente (“peer to peer”) a quien sea. La visión opuesta, cuajada y centralista la veo en el texto de Brey. Seguimos!!

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